Concilios, poder religioso y alejamiento de las raíces bíblicas

Capítulo 1 – Después de los Apóstoles: El comienzo de un cambio

Desde la destrucción de Jerusalén hasta el ascenso de Constantino (70–313 d.C.)

Introducción

Yeshúa no nació dentro de una religión grecorromana. Nació en el pueblo de Israel, fue circuncidado, vivió entre judíos, enseñó en las sinagogas, asistió al Templo de Jerusalén y participó en las celebraciones bíblicas de su pueblo.

Sus primeros discípulos también eran judíos. Pedro, Juan, Santiago, Andrés y los demás apóstoles no entendieron inicialmente que estaban fundando una religión completamente separada de Israel. Ellos proclamaban que el Mesías prometido por los profetas había venido y que su nombre era Yeshúa.

El libro de los Hechos presenta a los primeros creyentes reuniéndose en Jerusalén, entrando en el Templo, enseñando en las sinagogas y dialogando con otros judíos acerca de la identidad del Mesías.

Sin embargo, durante los siglos siguientes ocurrió una transformación profunda. El centro de autoridad fue desplazándose desde Jerusalén hacia ciudades importantes del Imperio romano. La población gentil aumentó, los dirigentes judíos fueron desapareciendo y algunos líderes comenzaron a interpretar las Escrituras alejados del contexto hebreo en el que habían surgido.

Este capítulo estudia el comienzo de ese proceso. No pretende afirmar que todos los creyentes gentiles abandonaron inmediatamente las Escrituras ni que todos los dirigentes actuaron de la misma manera. El cambio fue gradual, desigual y diferente en cada región.

El propósito es presentar los hechos históricos, examinar las fuentes antiguas y comparar el desarrollo posterior con la Torá, el Tanaj y las enseñanzas de Yeshúa.


El método de este estudio

Para evitar confundir hechos históricos, opiniones religiosas e interpretaciones personales, cada capítulo seguirá cuatro pasos.

  1. El hecho histórico: qué ocurrió, cuándo ocurrió y quiénes participaron.
  2. La fuente antigua: documentos, cartas, leyes, cánones, historiadores y testimonios cercanos a los acontecimientos.
  3. La comparación bíblica: qué enseñan la Torá, los Profetas, los Escritos y las palabras atribuidas a Yeshúa y sus apóstoles.
  4. El análisis: si la nueva doctrina o práctica conservó la enseñanza original, la modificó o se apartó de ella.

La historia no sustituye la fe ni la dirección del Espíritu de Dios. Sin embargo, la documentación histórica permite comprobar qué decisiones fueron tomadas por seres humanos, qué intereses estaban presentes y cuáles fueron sus consecuencias.


Yeshúa vivió como parte del pueblo de Israel

Para comprender el cambio posterior es necesario comenzar por la identidad histórica de Yeshúa.

Yeshúa nació de una familia judía. Fue circuncidado al octavo día y recibió un nombre hebreo, conforme a la práctica de su pueblo.

“Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Yeshua, Viene del hebreo יֵשׁוּעַ — Yēshúa‘ y está relacionado con la idea de: “YHWH salva”, “el Señor salva” o “salvación de Dios”. el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido.”

Lucas 2:21

"El nombre original en hebreo es Yehoshúa, cuya forma abreviada es Yeshúa. Se compone de Yeho, en referencia al nombre del Eterno, y Shúa, de la raíz que significa salvar. "El Eterno salva" o "el Eterno es salvación". Con el paso a otros idiomas, el nombre fue adaptado en sonido: Yeshúa pasó a Iēsous en griego, luego a Iesus en latín, y de ahí a Jesús en español. En esas formas posteriores ya no se ve reflejado dentro del idioma el significado original, porque son adaptaciones fonéticas. Por eso muchos prefieren usar Yeshúa o Yehoshúa, Resaltando así el sentido del nombre tal como aparece en el texto hebreo.

Cuando llegó el tiempo de la purificación, su familia acudió a Jerusalén y presentó la ofrenda ordenada en la Torá.

“Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor.”

Lucas 2:22

Durante su ministerio, Yeshúa enseñó regularmente en las sinagogas. El relato de Lucas describe esa práctica como una costumbre suya.

“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.”

Lucas 4:16

También acudió a Jerusalén durante las celebraciones bíblicas y enseñó públicamente en el Templo.

“Mas a la mitad de la fiesta subió Yeshua al templo, y enseñaba.”

Juan 7:14

Estos textos no describen a un dirigente de una nueva religión grecorromana. Describen a un judío hablando a su pueblo desde las Escrituras de Israel.


Los primeros discípulos continuaron dentro del mundo judío

Después de la muerte y resurrección de Yeshúa, sus discípulos no abandonaron inmediatamente el Templo ni dejaron de identificarse con Israel.

El libro de los Hechos afirma que los creyentes se reunían en el recinto del Templo.

“Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón.”

Hechos 2:46

Pedro y Juan también acudían al Templo durante la hora de la oración.

“Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.”

Hechos 3:1

Santiago, conocido también como Jacobo, llegó a ser uno de los dirigentes principales de la comunidad de Jerusalén. El Concilio de Jerusalén descrito en Hechos 15 estuvo presidido por dirigentes judíos que discutían cómo debían integrarse los gentiles que creían en el Dios de Israel y en su Mesías.

Incluso muchos años después, el libro de los Hechos describe a miles de creyentes judíos que continuaban teniendo celo por la Torá.

“Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley.”

Hechos 21:20

Por tanto, la primera comunidad no comenzó como una institución controlada por emperadores, ejércitos, papas o concilios imperiales. Comenzó como un movimiento mesiánico dentro del mundo judío del primer siglo.


Los nombres de los primeros creyentes

El libro de los Hechos emplea diferentes expresiones para identificar a los seguidores de Yeshúa.

Una de las designaciones más antiguas es “el Camino”.

“Y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.”

Hechos 9:2

En otro pasaje, sus adversarios emplearon el nombre “secta de los nazarenos”.

“Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos.”

Hechos 24:5

Pablo respondió reconociendo que servía al Dios de sus padres según el Camino, pero afirmó que continuaba creyendo lo escrito en la Torá y en los Profetas.

“Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas.”

Hechos 24:14

Esta declaración es de gran importancia. Pablo no dijo que había abandonado al Dios de Israel para aceptar una nueva divinidad grecorromana. Declaró que servía al Dios de sus padres y que creía en la Torá y los Profetas.


¿Quién los llamó “Mesianicos” por primera vez?

Hechos 11 relata que Bernabé y Saulo enseñaron durante un año en Antioquía y que allí los discípulos fueron llamados Mesianicos por primera vez.

“Y se congregaron allí todo un año con la congregacion , y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó Mesianicos por primera vez en Antioquía.”

Hechos 11:26

El texto afirma que fueron llamados cristianos, pero no explica claramente quién creó el nombre. Tampoco demuestra que todos los discípulos lo utilizaran inmediatamente para identificarse a sí mismos o que consideraran haber fundado una religión separada del judaísmo.

Antioquía era una gran ciudad del Imperio romano situada en la región de Siria. Actualmente sus ruinas se encuentran cerca de Antakya, en el territorio de la actual Turquía.

En la ciudad vivía una importante población judía y también numerosos habitantes gentiles. La congregación mencionada en Hechos llegó a estar compuesta por creyentes de diferentes procedencias.

Es importante distinguir entre tres afirmaciones:

  • Hechos dice que el nombre apareció por primera vez en Antioquía.
  • Hechos no identifica con seguridad a la persona o grupo que creó esa denominación.
  • Hechos no afirma que ese día naciera oficialmente una religión grecorromana independiente.

La separación institucional entre el judaísmo y el cristianismo fue un proceso largo que ocurrió de manera diferente según la ciudad y la comunidad.


La entrada de los gentiles

La incorporación de creyentes gentiles fue una de las transformaciones más importantes del movimiento.

Los profetas ya habían anunciado que las naciones buscarían al Dios de Israel.

“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del Eterno Dios como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.”

Isaías 2:2

“Y al extranjero que sigue a el Eterno Dios para servirle, y que ama el nombre de Jehová para ser su siervo; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte.”

Isaías 56:6-7

La entrada de los gentiles no tenía necesariamente que significar la destrucción de las raíces de Israel. Según la imagen utilizada por Pablo, los gentiles eran ramas de olivo silvestre injertadas en un olivo que ya existía.

“Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas.”

Romanos 11:17-18

En esta comparación, los gentiles no reemplazan la raíz. Son incorporados a ella. Pablo también les advierte que no se vuelvan arrogantes contra el pueblo de Israel.

Sin embargo, cuando la mayoría de los creyentes llegó a proceder de las naciones, comenzó a crecer el peligro de interpretar las Escrituras sin su contexto hebreo y de considerar a Israel como un pueblo rechazado definitivamente.


La muerte de los apóstoles

Los apóstoles fueron testigos directos del ministerio de Yeshúa y autoridades reconocidas por las primeras congregaciones.

El Nuevo Testamento menciona directamente la muerte de Santiago, hijo de Zebedeo, ejecutado por orden de Herodes Agripa.

“Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan.”

Hechos 12:2

Las circunstancias exactas de la muerte de muchos otros apóstoles proceden principalmente de tradiciones cristianas posteriores. Es importante no presentar todas esas tradiciones como si tuvieran el mismo grado de certeza histórica.

La tradición antigua relaciona a Pedro y Pablo con Roma y sitúa sus muertes durante el primer siglo. También presenta a Juan como una figura vinculada con Asia Menor y con la ciudad de Éfeso.

Con la desaparición de la generación apostólica terminó la etapa de quienes habían conocido personalmente a Yeshúa o habían recibido directamente el testimonio de sus primeros enviados.

A partir de ese momento, las comunidades dependieron cada vez más de los escritos conservados, la enseñanza oral, los ancianos, los obispos y las interpretaciones desarrolladas en diferentes regiones.


Las advertencias de los apóstoles

Los propios escritos apostólicos advierten que las congregaciones podían sufrir divisiones y desviaciones internas.

“Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.”

Hechos 20:29-30

“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias.”

2 Timoteo 4:3

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras.”

2 Pedro 2:1

Estas advertencias muestran que el peligro de apartarse de la enseñanza recibida no comenzó con Constantino. Ya existían controversias, ambiciones personales y doctrinas enfrentadas durante el primer siglo.

Constantino no inició todos los problemas, pero más adelante uniría el poder imperial con una estructura eclesiástica que ya llevaba varios siglos desarrollándose.


La destrucción de Jerusalén en el año 70

En el año 66 comenzó una gran rebelión judía contra el dominio romano. Después de varios años de guerra, las fuerzas romanas dirigidas por Tito sitiaron Jerusalén.

En el año 70, la ciudad fue conquistada y el Segundo Templo fue destruido.

Este acontecimiento tuvo consecuencias inmensas para todo el pueblo judío y también para los seguidores judíos de Yeshúa.

La vida religiosa judía tuvo que reorganizarse sin el Templo. Al mismo tiempo, la comunidad mesiánica de Jerusalén perdió parte de la influencia que había ejercido durante las primeras décadas.

Las comunidades situadas fuera de Judea adquirieron mayor importancia, especialmente las de Antioquía, Alejandría, Éfeso, Corinto y Roma.

El desplazamiento geográfico también produjo un desplazamiento cultural. En muchas congregaciones comenzó a predominar el idioma griego, mientras disminuía el conocimiento del hebreo, del arameo y de las costumbres de Israel.


La revuelta de Bar Kojba y el cambio de Jerusalén

Entre los años 132 y 135 ocurrió otra gran rebelión judía contra Roma, dirigida por Simón Bar Kojba.

Después de derrotar la rebelión, el emperador Adriano transformó Jerusalén en una colonia romana llamada Aelia Capitolina.

La población judía sufrió nuevas expulsiones y restricciones. Según Eusebio de Cesarea, después de ese período la comunidad de Jerusalén comenzó a ser dirigida por obispos de origen gentil, mientras que los primeros dirigentes habían sido de origen judío.

Este cambio fue decisivo. La ciudad que había sido el centro de la comunidad apostólica dejó de estar dirigida por creyentes judíos y quedó integrada cada vez más en la estructura religiosa del mundo romano.

No significa que todos los seguidores judíos de Yeshúa desaparecieran. Continuaron existiendo grupos judeocreyentes durante varios siglos. Sin embargo, fueron perdiendo influencia frente a las comunidades gentiles mayoritarias.


Una separación progresiva, no instantánea

No existe una fecha única en la que pueda afirmarse que el judaísmo y el cristianismo quedaron completamente separados en todos los lugares.

Durante el primer y segundo siglo todavía existían comunidades mezcladas, creyentes judíos, gentiles vinculados a las sinagogas y debates sobre la identidad de Yeshúa.

La separación fue producida por varios factores:

  • La destrucción de Jerusalén y del Templo.
  • Las guerras entre Judea y el Imperio romano.
  • El aumento acelerado de creyentes gentiles.
  • La presión romana contra determinadas prácticas e identidades judías.
  • Los conflictos entre dirigentes de las sinagogas y creyentes en Yeshúa.
  • La aparición de nuevas interpretaciones cristianas acerca de Israel.
  • El desconocimiento creciente de la lengua y la cultura hebreas.
  • El deseo de algunos cristianos gentiles de diferenciarse de los judíos ante las autoridades romanas.

Por tanto, no debe describirse la separación como un acontecimiento sencillo. Fue un proceso histórico complicado que se extendió durante generaciones.


El comienzo de una actitud contra los judíos

A medida que las congregaciones se hicieron mayoritariamente gentiles, algunos escritores cristianos comenzaron a utilizar expresiones cada vez más duras contra el pueblo judío.

En ocasiones, los debates comenzaron como discusiones sobre la interpretación de las profecías, la identidad del Mesías, el pacto, la circuncisión o las celebraciones bíblicas. Sin embargo, algunas de esas controversias terminaron desarrollando acusaciones colectivas contra todos los judíos.

Surgió la idea de que la Iglesia había sustituido completamente a Israel y que las promesas hechas por Dios habían sido transferidas a una nueva institución gentil.

Esta interpretación es conocida actualmente como teología de la sustitución o teología del reemplazo.

No todos los autores la formularon de la misma manera y su desarrollo ocurrió durante varios siglos. Sin embargo, llegó a ser utilizada para presentar al pueblo judío como abandonado permanentemente por Dios.

Esa conclusión debe compararse con las palabras de Pablo:

“Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.”

Romanos 11:1

“Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.”

Romanos 11:29

La advertencia apostólica de no jactarse contra las ramas fue reemplazada gradualmente, en algunos sectores, por una actitud de superioridad religiosa.


La controversia sobre la Pascua

Una de las primeras controversias importantes estuvo relacionada con la conmemoración de la muerte y resurrección del Mesías.

Algunas comunidades de Asia Menor conservaban una celebración relacionada con el día catorce del mes bíblico de Nisán, fecha vinculada con la Pascua de Israel.

Estos creyentes fueron conocidos posteriormente como cuartodecimanos, palabra que hace referencia al día catorce.

Otras comunidades, especialmente Roma, favorecían una celebración en domingo.

Durante el siglo II se produjeron debates entre dirigentes eclesiásticos acerca de esta cuestión. Policarpo de Esmirna y Aniceto de Roma mantuvieron prácticas diferentes, aunque según la tradición antigua conservaron la comunión entre ellos.

Más tarde, Víctor de Roma intentó excluir de la comunión a las comunidades de Asia que se negaban a abandonar la fecha que afirmaban haber recibido de una tradición apostólica.

Otros obispos criticaron la severidad de esa decisión. Esto demuestra que, antes de Constantino, ya existía una lucha por uniformar las celebraciones y aumentar la autoridad de determinadas sedes.

En el siglo IV, el asunto sería tratado durante el período del Concilio de Nicea. Después de la reunión, Constantino escribió rechazando expresamente la práctica de celebrar conforme al cálculo seguido por los judíos.

Ese documento será examinado detenidamente en el capítulo dedicado a Constantino y al Concilio de Nicea.


El sábado y el primer día de la semana

El sábado ocupa un lugar central en la Torá. El mandamiento no fue presentado originalmente como una invención rabínica, sino como parte de las palabras del pacto.

“Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios.”

Éxodo 20:8-10

Los evangelios presentan a Yeshúa participando en la vida de la sinagoga durante el sábado. También registran disputas sobre la manera correcta de observarlo.

Esas disputas no significan necesariamente que Yeshúa estuviera eliminando el sábado. Frecuentemente discutía contra interpretaciones que impedían hacer el bien, sanar o mostrar misericordia.

“También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo.”

Marcos 2:27

El Nuevo Testamento también menciona reuniones de creyentes en el primer día de la semana. Durante los siglos siguientes, algunos cristianos gentiles dieron cada vez más importancia al domingo.

El proceso no ocurrió por una sola orden ni en una misma fecha para todas las comunidades. Durante cierto tiempo coexistieron diferentes prácticas.

Más adelante, el poder imperial y los concilios regionales contribuirían a favorecer el domingo y a condenar determinadas formas de observancia del sábado.

Este tema deberá estudiarse mediante documentos específicos:

  • Los textos del Nuevo Testamento.
  • Los escritos cristianos de los siglos II y III.
  • La legislación de Constantino sobre el día del Sol.
  • Los cánones del Concilio de Laodicea.
  • Las prácticas que continuaron existiendo en diferentes regiones.

La aparición de nuevas doctrinas

Durante los siglos II y III aparecieron numerosas escuelas y movimientos que competían por definir la identidad de Yeshúa, la naturaleza de Dios, la creación, la salvación y la autoridad de las Escrituras.

Entre ellos se encontraban diferentes grupos gnósticos, el marcionismo, el montanismo y otras corrientes.

El gnosticismo

El término gnosticismo se utiliza para describir diversos movimientos que afirmaban poseer un conocimiento espiritual especial.

Algunos grupos presentaban al mundo material como obra de una divinidad inferior y consideraban que la salvación se alcanzaba mediante un conocimiento secreto.

Estas ideas entraban en conflicto con el Tanaj, que presenta la creación de Dios como buena.

“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.”

Génesis 1:31

Marción y el rechazo de las Escrituras de Israel

Marción, activo durante el siglo II, enseñó una separación radical entre el Dios de las Escrituras de Israel y el Padre proclamado por Yeshúa.

También rechazó la autoridad de la Torá y los Profetas, y aceptó una colección limitada y modificada de escritos cristianos.

La mayoría de los dirigentes cristianos rechazó a Marción. Sin embargo, su movimiento demuestra que ya existían personas dispuestas a cortar completamente la fe en Yeshúa de las Escrituras de Israel.

Esa ruptura contradice las palabras atribuidas al propio Yeshúa:

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.”

Mateo 5:17

¿Existía ya un Nuevo Testamento?

Durante la vida de Yeshúa y los primeros apóstoles no existía un libro encuadernado llamado Nuevo Testamento con los veintisiete escritos que actualmente contiene.

Cuando los primeros discípulos hablaban de las Escrituras se referían principalmente a la Torá, los Profetas y los demás libros que posteriormente serían conocidos en conjunto como el Tanaj.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.”

2 Timoteo 3:16

Cuando esa declaración fue escrita, las Escrituras de Israel constituían la base bíblica principal de las comunidades.

Al mismo tiempo comenzaron a circular cartas apostólicas, relatos sobre la vida de Yeshúa y otros escritos.

Algunas cartas eran copiadas y compartidas entre diferentes congregaciones.

“Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros.”

Colosenses 4:16

Con el paso del tiempo, las congregaciones tuvieron que distinguir entre escritos considerados apostólicos, textos útiles para la enseñanza y obras que fueron rechazadas.

El canon del Nuevo Testamento no fue creado de una vez por una sola persona ni por el Concilio de Nicea. Fue el resultado de un proceso largo de circulación, lectura, selección, controversia y decisiones eclesiásticas.

Antes de Constantino ya existían colecciones de evangelios y cartas, pero no todas las regiones aceptaban exactamente la misma lista.

Algunos libros fueron reconocidos ampliamente desde una época temprana. Otros, como Hebreos, Santiago, 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas y Apocalipsis, fueron discutidos en diferentes lugares.

También existieron escritos apreciados por algunas comunidades que finalmente no formaron parte del canon actual.

Los concilios regionales de los siglos IV y V no inventaron todos esos documentos. Reconocieron y confirmaron determinadas listas después de un proceso que ya llevaba generaciones.

Este tema merece un capítulo independiente: “Cómo se formó el Nuevo Testamento”.


El crecimiento de la autoridad de los obispos

Las primeras congregaciones eran dirigidas por apóstoles, ancianos, supervisores, diáconos y maestros. La forma exacta de organización no fue idéntica en todos los lugares.

Con el paso del tiempo, el cargo de obispo adquirió una autoridad cada vez mayor.

En muchas ciudades comenzó a establecerse un obispo principal rodeado de presbíteros y diáconos. Esa estructura ayudaba a mantener el orden y a responder a las divisiones, pero también concentraba el poder en un número reducido de dirigentes.

Los obispos de ciudades grandes y políticamente importantes llegaron a ejercer influencia sobre las congregaciones de ciudades menores.

Entre las sedes que alcanzaron mayor prestigio estuvieron:

  • Jerusalén.
  • Antioquía.
  • Alejandría.
  • Roma.
  • Posteriormente, Constantinopla.

El crecimiento de la autoridad de Roma fue gradual. El obispo romano no ejerció desde el primer siglo el mismo poder universal que el papado reclamaría durante períodos posteriores.

La doctrina de la supremacía papal fue desarrollándose mediante interpretaciones bíblicas, conflictos políticos, decretos, alianzas imperiales y disputas entre las grandes sedes.


Los sínodos anteriores a Nicea

Antes de los llamados concilios ecuménicos ya se celebraban reuniones de obispos en diferentes regiones.

Estas reuniones, conocidas como sínodos o concilios regionales, trataban asuntos como:

  • La disciplina de los dirigentes.
  • La reincorporación de quienes habían negado la fe.
  • Las doctrinas consideradas falsas.
  • La fecha de las celebraciones.
  • La validez de determinados bautismos.
  • Las disputas entre obispos.

Estos sínodos no tenían siempre autoridad sobre toda la cristiandad. Sus decisiones podían ser aceptadas en una región y rechazadas en otra.

Sin embargo, prepararon el modelo que posteriormente sería utilizado por los concilios imperiales: reunir obispos, debatir una controversia, redactar decisiones y exigir su aceptación.


Las persecuciones romanas

Los creyentes en Yeshúa sufrieron persecuciones en diferentes momentos del Imperio romano.

No existió una persecución continua y uniforme durante los primeros tres siglos. La intensidad dependía de la época, la provincia, el gobernador y la política del emperador.

Entre los emperadores relacionados con períodos de persecución o represión se encuentran Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Decio, Valeriano y Diocleciano.

Algunos creyentes fueron encarcelados, torturados o ejecutados. En determinadas persecuciones también fueron destruidos lugares de reunión y copias de escritos sagrados.

El ejemplo de los mártires produjo una profunda admiración dentro de las comunidades. Los obispos que soportaban prisión o sufrimiento obtenían mayor autoridad moral.

Sin embargo, también surgieron conflictos sobre quienes habían entregado libros sagrados, ofrecido sacrificios o negado públicamente su fe para salvar la vida.


La gran persecución de Diocleciano

A comienzos del siglo IV, durante los gobiernos de Diocleciano y otros emperadores asociados, comenzó una de las persecuciones más extensas.

A partir del año 303 se publicaron decretos contra las comunidades cristianas. Se ordenó destruir lugares de reunión, entregar escritos y realizar sacrificios exigidos por el Estado.

La aplicación de esas medidas varió según la región. En algunos territorios fue extremadamente severa; en otros fue más limitada.

Esta persecución creó heridas y divisiones internas. Las comunidades discutían qué hacer con los dirigentes y creyentes que habían cedido ante las autoridades.

Cuando Constantino alcanzó el poder, encontró un movimiento religioso numeroso, organizado, dividido por controversias y dirigido por obispos que ya ejercían una gran influencia social.


La situación al comenzar el siglo IV

Al comenzar el siglo IV, el movimiento surgido en Judea había experimentado cambios profundos.

  • La mayoría de sus integrantes ya procedía de las naciones.
  • Jerusalén había perdido su posición original como centro principal.
  • El griego y el latín tenían mayor presencia que el hebreo y el arameo.
  • Los obispos de las grandes ciudades habían acumulado autoridad.
  • Existían diferentes escuelas teológicas.
  • Se debatía la identidad y naturaleza del Mesías.
  • Había controversias sobre la Pascua y otros asuntos.
  • Algunas comunidades conservaban prácticas relacionadas con sus raíces judías.
  • Otros dirigentes deseaban apartarse completamente de las costumbres de Israel.
  • Comenzaban a desarrollarse expresiones de hostilidad contra los judíos.

El cristianismo todavía no era la religión oficial del Imperio. Sin embargo, ya contaba con una estructura que podía ser reconocida, utilizada y controlada por el poder político.


Constantino no creó todo desde el principio

Es históricamente incorrecto afirmar que Constantino inventó por sí solo el cristianismo, escribió el Nuevo Testamento o creó todas las doctrinas de la Iglesia.

Cuando Constantino apareció, ya existían congregaciones, obispos, evangelios, cartas, debates doctrinales, sínodos y diferentes tradiciones.

Sin embargo, Constantino produjo un cambio decisivo: incorporó directamente el poder del emperador a las controversias religiosas.

A partir de su gobierno, el Estado romano comenzó a favorecer, financiar y proteger a determinadas autoridades eclesiásticas. También comenzó a intervenir en sus disputas.

El emperador convocaría reuniones, enviaría cartas, ordenaría el cumplimiento de decisiones y utilizaría destierros contra dirigentes considerados problemáticos.

Así comenzó una nueva etapa. La comunidad que había nacido sin poder militar y bajo persecución empezó a relacionarse con el trono imperial.


Comparación con las enseñanzas de Yeshúa

Yeshúa enseñó que sus discípulos no debían gobernarse mediante el mismo modelo de dominación utilizado por los gobernantes de las naciones.

“Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.”

Mateo 20:25-26

También enseñó a amar a los enemigos y a orar por quienes persiguen.

“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.”

Mateo 5:44

Estas enseñanzas deberán recordarse cuando estudiemos acontecimientos posteriores como:

  • La unión entre la Iglesia y el Imperio.
  • La persecución de quienes pensaban de manera diferente.
  • Las conversiones forzadas.
  • Las leyes contra judíos y otros grupos.
  • Las Cruzadas.
  • La Inquisición.
  • La confiscación de propiedades.
  • El uso de ejércitos en nombre de la religión.

El hecho de que una institución afirmara actuar en nombre de Dios no significa automáticamente que todas sus acciones estuvieran de acuerdo con la Palabra de Dios.

“Por sus frutos los conoceréis.”

Mateo 7:16

Conclusión

La separación entre el movimiento original de Yeshúa y sus raíces judías no ocurrió en un solo día ni fue causada por una sola persona.

Comenzó a desarrollarse mediante una combinación de guerras, desplazamientos, conflictos internos, aumento de creyentes gentiles, pérdida del conocimiento hebreo, nuevas interpretaciones teológicas y crecimiento de la autoridad episcopal.

Durante los primeros tres siglos todavía existieron diferentes opiniones y prácticas. No todos los creyentes abandonaron el sábado, la Pascua bíblica o la relación con Israel al mismo tiempo.

Sin embargo, al comenzar el siglo IV ya estaban presentes las condiciones necesarias para una transformación mucho mayor.

Constantino no creó desde cero la religión cristiana, pero su gobierno abrió la puerta para que el poder político romano influyera directamente en la doctrina, la organización y las decisiones de la Iglesia.

El próximo capítulo estudiará esa transformación: la legalización del cristianismo, la intervención de Constantino, el Concilio de Nicea y la orden de establecer una celebración separada del cálculo de la Pascua judía.


Fuentes bíblicas principales

  • Génesis 1:31.
  • Éxodo 20:8-11.
  • Isaías 2:2-3.
  • Isaías 56:6-7.
  • Mateo 5:17; 5:44; 7:16; 20:25-26.
  • Marcos 2:27.
  • Lucas 2:21-24; 4:16.
  • Juan 7:14.
  • Hechos 2:46; 3:1; 9:2; 11:26; 12:2; 15; 20:29-30; 21:20; 24:5 y 24:14.
  • Romanos 11.
  • Colosenses 4:16.
  • 2 Timoteo 3:16; 4:3.
  • 2 Pedro 2:1.

Fuentes históricas antiguas

  • Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica.
  • Eusebio de Cesarea, Vida de Constantino.
  • Flavio Josefo, La guerra de los judíos.
  • Ignacio de Antioquía, Cartas.
  • Justino Mártir, Diálogo con Trifón.
  • Ireneo de Lyon, Contra las herejías.
  • Tertuliano, Apología y otros escritos.
  • Orígenes de Alejandría, Contra Celso.
  • Lactancio, Sobre la muerte de los perseguidores.

Fuentes que serán examinadas en los capítulos siguientes

  • El Edicto de tolerancia de Galerio del año 311.
  • El acuerdo conocido como Edicto de Milán del año 313.
  • Las cartas imperiales de Constantino.
  • Los documentos relacionados con el Concilio de Nicea.
  • La carta de Constantino sobre la celebración de la Pascua.
  • Los cánones de los concilios posteriores.
  • Las leyes religiosas del Imperio romano tardío.

Nota sobre las fuentes: Los autores antiguos deben leerse críticamente. Algunos fueron testigos de determinados acontecimientos; otros escribieron varias décadas después. También podían defender sus propias posiciones religiosas o políticas. Por esa razón, sus testimonios deben compararse entre sí y con otras evidencias.