Identidad de los Primeros Creyentes

Cuando hablamos de los primeros creyentes en Yeshúa, es importante evitar comenzar con las categorías religiosas que surgieron siglos después. Antes de preguntar a qué “religión” pertenecían, debemos preguntar: ¿quiénes eran, qué Escrituras conocían, qué Dios adoraban y dentro de qué pueblo surgió su esperanza mesiánica?

El movimiento de los primeros discípulos no apareció inicialmente separado de Israel. Yeshúa, sus discípulos y los primeros que reconocieron en él al Mesías procedían del mundo de Israel y entendían las promesas mesiánicas mediante la Torá y los Profetas.

1. El Mesías esperado pertenecía a la historia de Israel

La esperanza mesiánica no comenzó con una nueva religión. Sus raíces se encuentran en las promesas hechas dentro de las Escrituras de Israel.

Los Profetas hablaron de un descendiente de David, de un Renuevo justo, de la restauración de Israel y de un gobierno establecido por Dios.

Isaías 11:1

Isaías anuncia que saldría una vara del tronco de Isaí y que un retoño surgiría de sus raíces.

Isaí era el padre de David. Por tanto, la expectativa mesiánica presentada por Isaías está directamente relacionada con la casa de David.

Jeremías 23:5

Jeremías anuncia que Dios levantaría a David un Renuevo justo, un rey que gobernaría sabiamente y haría juicio y justicia en la tierra.

Los primeros creyentes no necesitaban abandonar las Escrituras de Israel para buscar al Mesías. Precisamente esas Escrituras proporcionaban las categorías mediante las cuales podían reconocerlo.

2. Sus Escrituras eran la Torá y los Profetas

Cuando aparecieron los primeros discípulos, ya existía un cuerpo de Escrituras sagradas recibido por Israel: la Torá, los Profetas y los demás escritos que posteriormente serían conocidos conjuntamente como el Tanaj.

Allí encontraban la creación, los pactos, la historia de Israel, los mandamientos, la esperanza de restauración y las profecías relacionadas con el Mesías.

Esto es fundamental para comprender su identidad. Los primeros creyentes no comenzaron con una Biblia dividida culturalmente entre una religión “judía” y otra “cristiana”. Su fundamento escritural procedía de Israel.

3. Creer en el Mesías no significaba automáticamente abandonar a Israel

Desde una perspectiva posterior puede parecer natural imaginar que una persona dejaba una religión para convertirse inmediatamente a otra. Pero aplicar directamente nuestras categorías denominacionales modernas al primer siglo puede producir una imagen equivocada.

Para aquellos primeros israelitas que reconocían a Yeshúa como Mesías, creer en él podía entenderse como reconocer el cumplimiento de una esperanza que ya pertenecía a su propia historia bíblica.

No estaban buscando originalmente fundar el protestantismo, el catolicismo ni ninguna de las denominaciones que aparecerían muchos siglos después.

4. La Torá formaba parte de su mundo

La Torá no era para aquellos primeros creyentes un documento perteneciente a una religión extranjera. Formaba parte de la historia, identidad y revelación recibida por Israel.

Deuteronomio 6:4

“Oye, Israel: YHWH nuestro Dios, YHWH uno es.”

Este era el mundo bíblico del cual procedieron Yeshúa y sus primeros discípulos: el Dios de Abraham, Isaac y Jacob; las promesas hechas a Israel; la Torá; los Profetas; Jerusalén y la esperanza del reino de Dios.

5. La esperanza del nuevo pacto también pertenecía a Israel

Incluso la expresión “nuevo pacto” procede de los Profetas de Israel. No nació originalmente como el nombre de una nueva religión.

Jeremías 31:31

“He aquí que vienen días, dice YHWH, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.”

Este detalle es fundamental. Jeremías identifica explícitamente a los destinatarios del nuevo pacto como la casa de Israel y la casa de Judá.

Posteriormente las naciones serían alcanzadas por la obra del Dios de Israel, pero eso no debería utilizarse para borrar el contexto israelita de la promesa original.

6. La llegada de las naciones

La incorporación de personas procedentes de otras naciones produjo una transformación enorme en el movimiento mesiánico.

Sin embargo, la entrada de las naciones en el conocimiento del Dios de Israel tampoco era una idea completamente nueva. Los Profetas ya habían anunciado que las naciones buscarían al Dios de Israel.

Isaías 2:2-3

Isaías contempla un futuro en el cual muchas naciones subirán para aprender los caminos de Dios, declarando que de Sion saldrá la Torá y de Jerusalén la palabra de YHWH.

Isaías 49:6

El siervo recibe una misión que alcanza no solamente la restauración de Israel, sino también a las naciones, llevando la salvación hasta los confines de la tierra.

Por tanto, la participación de las naciones no exige necesariamente borrar a Israel. Los Profetas presentan una visión en la cual la bendición se extiende hacia las naciones desde la obra que Dios realiza con Israel.

7. ¿Cuándo apareció entonces la identidad “cristiana”?

Aquí debemos distinguir cuidadosamente entre los primeros discípulos y el desarrollo histórico posterior del cristianismo.

Con el paso del tiempo, especialmente a medida que aumentó el número de creyentes procedentes de las naciones, el movimiento fue adquiriendo una identidad cada vez más diferenciada del judaísmo.

Este proceso no ocurrió en un solo día. Fue gradual, complejo y estuvo relacionado con factores religiosos, culturales y políticos.

Por eso no sería históricamente preciso imaginar que todas las estructuras, doctrinas, festividades y denominaciones conocidas posteriormente como cristianas ya existían completamente desarrolladas entre los primeros discípulos.

8. El peligro de leer el primer siglo con categorías modernas

Un protestante puede mirar hacia atrás e imaginar a los primeros discípulos como protestantes. Un católico puede interpretarlos mediante categorías católicas posteriores. Un movimiento moderno de raíces hebreas también puede caer en el error de reconstruirlos exactamente a su propia imagen.

Ninguna de estas aproximaciones debería aceptarse automáticamente.

Primero debemos permitir que las Escrituras y el contexto histórico hablen por sí mismos.

Los primeros creyentes existieron antes de Lutero, antes de la Reforma, antes de muchas formulaciones teológicas medievales y antes de numerosas divisiones religiosas posteriores.

9. Regresar a la identidad bíblica no significa imitar externamente

Descubrir las raíces hebreas de la fe tampoco significa simplemente adoptar palabras hebreas, vestimentas, símbolos o costumbres modernas asociadas con movimientos de raíces hebreas.

Una apariencia hebrea no garantiza fidelidad bíblica.

El verdadero desafío consiste en recuperar las categorías fundamentales de las Escrituras: el Dios de Israel, su Torá, sus pactos, sus Profetas, la justicia, el arrepentimiento, la santidad y la esperanza mesiánica.

10. No crear otra denominación

Estudiar la identidad de los primeros creyentes no debería llevarnos a crear simplemente otra etiqueta religiosa.

El objetivo no consiste en reemplazar “católico” o “protestante” por otra palabra y después construir alrededor de ella nuevas tradiciones que nunca puedan ser cuestionadas.

Si nuestro propósito es regresar a las raíces, también nuestras propias conclusiones deben permanecer abiertas al examen de las Escrituras.

11. Una pregunta que debemos recuperar

En lugar de comenzar preguntando “¿qué enseña mi religión?”, podemos comenzar con una pregunta más antigua:

¿Qué había revelado el Dios de Israel por medio de Moisés y los Profetas, y cómo entendieron los primeros creyentes la llegada del Mesías dentro de esa historia?

Esta pregunta cambia profundamente la manera de estudiar las Escrituras. Ya no comenzamos con una denominación para interpretar la Biblia. Comenzamos con la Biblia para examinar nuestras denominaciones.

Conclusión: antes de las denominaciones estaban las Escrituras

Los primeros creyentes en Yeshúa no comenzaron su camino con las categorías religiosas que conocemos actualmente. El movimiento surgió dentro del mundo de Israel, de sus Escrituras y de su esperanza mesiánica.

Posteriormente ocurrieron transformaciones históricas profundas y el movimiento llegó a extenderse entre las naciones. Con el paso de los siglos surgieron instituciones, sistemas teológicos y denominaciones diferentes.

Por eso, buscar la identidad de los primeros creyentes exige atravesar nuevamente esas capas de historia y regresar a las fuentes.

No para crear otra religión, sino para comprender al Mesías dentro de la historia en la que fue prometido.

Antes del catolicismo y antes del protestantismo estaban Abraham, Moisés, David y los Profetas. Antes de nuestras denominaciones estaban los pactos y las promesas.

Y antes de preguntar qué nombre religioso debemos llevar, quizá debamos recuperar una pregunta todavía más importante: ¿estamos caminando conforme a la verdad que Dios reveló?