Una aclaración necesaria sobre los escritos del Nuevo Testamento

Este estudio no pretende rechazar los escritos que hoy conocemos como Nuevo Testamento. Creemos en el testimonio acerca de Yeshúa, en sus enseñanzas y en los escritos de sus primeros discípulos y seguidores.

Lo que ponemos bajo examen es la manera en que esos escritos han sido expuestos, traducidos e interpretados posteriormente, especialmente cuando una interpretación parece colocar las palabras de Yeshúa o de sus discípulos en oposición a la Torá y a los Profetas.

No creemos que Yeshúa viniera a enseñar contra el Dios que lo envió. Tampoco debemos comenzar suponiendo que sus discípulos intentaban crear una religión completamente separada de las Escrituras que ellos mismos conocían.

Por eso hacemos una distinción fundamental entre el escrito y la interpretación del escrito.

Una cosa es lo que dice el texto y otra cosa es lo que una denominación, un concilio, un comentarista, un pastor o una tradición religiosa afirma que significa.

El Tanaj como fundamento para examinar las interpretaciones

La Torá y los Profetas existían antes de los escritos apostólicos. Allí fueron establecidos los grandes fundamentos: quién es el Dios de Israel, qué es el pecado, qué es la justicia, qué es el pacto, qué significa obedecer, qué es el Shabbat y qué debía esperarse del Mesías.

Por eso, cuando encontramos una interpretación posterior que aparentemente enseña que el Mesías vino a destruir aquello que Dios anteriormente declaró, no debemos apresurarnos a rechazar ni la Torá ni los escritos apostólicos.

Primero debemos preguntarnos: ¿estamos entendiendo correctamente el escrito?

Tal vez el problema no esté en Yeshúa, ni en los Profetas, ni necesariamente en el escrito apostólico. El problema puede encontrarse en la interpretación que posteriormente hemos recibido.

No confundir interpretación con Escritura

Este principio es especialmente importante cuando estudiamos las cartas. Un versículo aislado puede utilizarse para construir una doctrina que quizá no representa el pensamiento completo del autor.

Las divisiones modernas en capítulos y versículos son herramientas útiles para localizar un pasaje, pero no debemos permitir que nos hagan olvidar que originalmente estamos leyendo escritos completos.

Por eso no queremos construir nuestra fe tomando una frase aislada de Pablo, Pedro, Mateo o cualquier otro escrito y separándola de todo su contexto.

Debemos leer lo anterior, lo posterior y, cuando sea necesario, el escrito completo. Después debemos compararlo con el fundamento establecido en la Torá y los Profetas.

No estamos rechazando: estamos examinando

Existe una diferencia enorme entre rechazar un escrito y cuestionar la interpretación que los hombres han hecho de ese escrito.

Nuestro propósito no es eliminar los escritos del Nuevo Testamento. Nuestro propósito es intentar comprenderlos dentro del mundo bíblico del cual surgieron, teniendo como fundamento la Torá, los Profetas y los Salmos.

Si Yeshúa es el Mesías anunciado por los Profetas, entonces debemos buscar comprender sus palabras dentro de esa historia y no separadas de ella.

Por eso nuestra pregunta no es: “¿Cómo podemos rechazar el Nuevo Testamento?”

Nuestra pregunta es: “¿Cómo podemos comprender correctamente estos escritos sin separarlos de las Escrituras que existían antes de ellos?”